Feliz cumpleaños
Ocho de la mañana. Suena el despertador. Como de costumbre, Raquel se levanta para ducharse mientras yo, más dormido que despierto, remoloneo un poco en la cama. Aprovecho para saludar el día tirándome un buen pedo matutino.
- Prrrtz... boom!
Así debería haber sonado, pero no; fue más bien:
- Prsplotch!
Esto me despierta del todo, y de golpe. Es verdad, llevaba un par de días con diarrea y no me acordaba. Así que intento levantarme sin aplastar mucho lo que llevaba en el culo. Voy hacia el cuarto de baño y, mientras, miro el reloj. Aaaggghh.
- Raquel, se te ha olvidado cambiar la hora del despertador, son las seis.
- ¡No fastidies!
- Y, además, necesito entrar urgentemente. Acabo de cagarme encima.
- Joder. En fin, ya que estás levantado... ¡feliz cumpleaños!
Me parece que los 43 no me van a gustar nada, nada.
En fin, me limpio como puedo, lavo el pijama, me cambio y, por lo menos, vuelvo a la cama a seguir durmiendo. Algo es algo, oye.
A las nueve estábamos los diez puntualmente desayunando. Nuestra idea inicial era coger el autobús que nos recogía a las diez en el hotel para ver un poco Reykjavik por la mañana, pero acabamos cambiado un poco el plan. En lugar de irnos en el autobús, después de desayunar nos reunimos para decidir qué íbamos a hacer durante los siguientes días. Islandia es un país un tanto delicado para conducir. Tiene una carretera principal que rodea la isla y que, en general, está bien asfaltada. Y luego unas cuantas que van hacia el interior y que, en muchos casos, son de grava. Y a partir de un punto sólo pueden recorrerse en 4x4, y aún así con cuidado. Así que nos pareció mejor idea contratar excursiones en autobús, que es el medio de transporte habitual de los islandeses (aparte del avión). Tren, desde luego, no hay, lo que es lógico teniendo en cuenta la dispersión de la población y la orografía. Ah, otra ventaja de las excursiones en autobús: en todas las que contratamos, los niños iban gratis.
Aún no os he presentado a nuestros niños. Por orden de edad (el mismo en el que aparecen en la dirección de este blog), tenemos a Sara (9 años), Patricia (8), Dani (6) y Sonia (5). Sara es hermana de Dani, y Patricia de Sonia. Sara y Patricia son muy amigas, pero a veces tenemos problemas con Dani, que es el único chico, y sobre todo con Sonia, que es la pequeña y a veces los otros no le hacen caso.
Una vez contratadas las excursiones, decidimos ir hacia el centro andando. Por el camino tuve que hacer una parada técnica, que aprovechamos para tomar un café, y me llevé una desilusión: el Museo del Falo Islandés ya no existe. No hay ninguna errata, se llamaba así. Exhibía órganos de todos los animales (machos) que viven en Islandia, salvo el hombre (aunque tenían un documento en el que un islandés cedía su trasto al museo después de su muerte).
Al final del recorrido los niños ya estaban cansados y se querían volver a casa, así que decidimos llevarlos hacia el puerto para que vieran un poco el mar. Sólo un poco, porque estaba vallado y no se podía pasar. Pero pudieron jugar un poco con una máquina de tren que tienen puesta como monumento (las explicaciones en islandés, conque no sé de dónde habría salido). Y luego fuimos al mercadillo del puerto. Típico mercadillo con tenderetes varios y venta de objetos de segunda mano, pero a cubierto, que el clima no favorece la venta al aire libre. Raquel y yo vimos unos globos que nos hicieron gracia, conque compramos uno a cada niño y con eso estuvieron jugando bastante rato. Eran unos globos muy chulos, transparentes, con un colgajo para sacudirlos y un bichejo dentro. Duraron bastante rato sin romperse, pese al inmisericorde trato que recibieron.
Luego ya nos fuimos a comer a un buffet libre y de vuelta al hotel, porque por la tarde tocaba piscina. Piscina termal, claro, que estamos en Islandia. Después de una mañana lluviosa, salió el sol y la temperatura subió hasta los 20°C. De todos modos yo me quedé en el hotel, a ver si mis pobres tripas se arreglaban un poco.
Mientras los demás se bañaban, yo me eché una buena siesta. A la vuelta me dijeron que les había gustado mucho, lo habían pasado muy bien y José Luis casi acabó deportado por contravenir la mayoría de las normas de la piscina. En fin, esto os lo tendrán que contar ellos.
Por la noche bajé a cenar con mis compañeros, salvo Francisco, que se fue a la cama para madrugar al día siguiente (tiene que correr un rato todas las mañanas). Cenamos en el mismo hotel sin demasiados berrinches infantiles y a dormir. Bueno, antes a escribir esta entrada en el blog, y en seguida a dormir, que mañana salimos a las 7h30 hacia el Vatnajökull.
- Prrrtz... boom!
Así debería haber sonado, pero no; fue más bien:
- Prsplotch!
Esto me despierta del todo, y de golpe. Es verdad, llevaba un par de días con diarrea y no me acordaba. Así que intento levantarme sin aplastar mucho lo que llevaba en el culo. Voy hacia el cuarto de baño y, mientras, miro el reloj. Aaaggghh.
- Raquel, se te ha olvidado cambiar la hora del despertador, son las seis.
- ¡No fastidies!
- Y, además, necesito entrar urgentemente. Acabo de cagarme encima.
- Joder. En fin, ya que estás levantado... ¡feliz cumpleaños!
Me parece que los 43 no me van a gustar nada, nada.
En fin, me limpio como puedo, lavo el pijama, me cambio y, por lo menos, vuelvo a la cama a seguir durmiendo. Algo es algo, oye.
A las nueve estábamos los diez puntualmente desayunando. Nuestra idea inicial era coger el autobús que nos recogía a las diez en el hotel para ver un poco Reykjavik por la mañana, pero acabamos cambiado un poco el plan. En lugar de irnos en el autobús, después de desayunar nos reunimos para decidir qué íbamos a hacer durante los siguientes días. Islandia es un país un tanto delicado para conducir. Tiene una carretera principal que rodea la isla y que, en general, está bien asfaltada. Y luego unas cuantas que van hacia el interior y que, en muchos casos, son de grava. Y a partir de un punto sólo pueden recorrerse en 4x4, y aún así con cuidado. Así que nos pareció mejor idea contratar excursiones en autobús, que es el medio de transporte habitual de los islandeses (aparte del avión). Tren, desde luego, no hay, lo que es lógico teniendo en cuenta la dispersión de la población y la orografía. Ah, otra ventaja de las excursiones en autobús: en todas las que contratamos, los niños iban gratis.
Aún no os he presentado a nuestros niños. Por orden de edad (el mismo en el que aparecen en la dirección de este blog), tenemos a Sara (9 años), Patricia (8), Dani (6) y Sonia (5). Sara es hermana de Dani, y Patricia de Sonia. Sara y Patricia son muy amigas, pero a veces tenemos problemas con Dani, que es el único chico, y sobre todo con Sonia, que es la pequeña y a veces los otros no le hacen caso.
Una vez contratadas las excursiones, decidimos ir hacia el centro andando. Por el camino tuve que hacer una parada técnica, que aprovechamos para tomar un café, y me llevé una desilusión: el Museo del Falo Islandés ya no existe. No hay ninguna errata, se llamaba así. Exhibía órganos de todos los animales (machos) que viven en Islandia, salvo el hombre (aunque tenían un documento en el que un islandés cedía su trasto al museo después de su muerte).
Al final del recorrido los niños ya estaban cansados y se querían volver a casa, así que decidimos llevarlos hacia el puerto para que vieran un poco el mar. Sólo un poco, porque estaba vallado y no se podía pasar. Pero pudieron jugar un poco con una máquina de tren que tienen puesta como monumento (las explicaciones en islandés, conque no sé de dónde habría salido). Y luego fuimos al mercadillo del puerto. Típico mercadillo con tenderetes varios y venta de objetos de segunda mano, pero a cubierto, que el clima no favorece la venta al aire libre. Raquel y yo vimos unos globos que nos hicieron gracia, conque compramos uno a cada niño y con eso estuvieron jugando bastante rato. Eran unos globos muy chulos, transparentes, con un colgajo para sacudirlos y un bichejo dentro. Duraron bastante rato sin romperse, pese al inmisericorde trato que recibieron.Luego ya nos fuimos a comer a un buffet libre y de vuelta al hotel, porque por la tarde tocaba piscina. Piscina termal, claro, que estamos en Islandia. Después de una mañana lluviosa, salió el sol y la temperatura subió hasta los 20°C. De todos modos yo me quedé en el hotel, a ver si mis pobres tripas se arreglaban un poco.
Mientras los demás se bañaban, yo me eché una buena siesta. A la vuelta me dijeron que les había gustado mucho, lo habían pasado muy bien y José Luis casi acabó deportado por contravenir la mayoría de las normas de la piscina. En fin, esto os lo tendrán que contar ellos.
Por la noche bajé a cenar con mis compañeros, salvo Francisco, que se fue a la cama para madrugar al día siguiente (tiene que correr un rato todas las mañanas). Cenamos en el mismo hotel sin demasiados berrinches infantiles y a dormir. Bueno, antes a escribir esta entrada en el blog, y en seguida a dormir, que mañana salimos a las 7h30 hacia el Vatnajökull.
Comentarios
Pero parece que os estáis marcando un viajecito de dar envidieja, sí :)
Casi me expulsa un vikingo feroz que no hablaba bien el inglés.