Hacia Akureyri

Ayer conseguí escribir la entrada del día sin problemas, pero hoy tal vez no. Estoy escribiendo en un ordenador del hotel y la conexión es penosa. Además, sólo me dan un cuarto de hora; creedlo o no, me ha costado doce minutos llegar hasta esta página. Bueno, iré escribiendo a cachos.

Hoy era día de viaje. Dejábamos Reykjavík y volábamos a Akureyri, la segunda ciudad de Islandia, en el norte del país. Aquí vamos a pasar la segunda y última semana de nuestro viaje.

Lo de "segunda ciudad" se debe leer en términos islandeses. Akureyri tiene 17.000 habitantes.

Bueno, después de la desconexión, sólo he tardado dos minutos en volver. Parece que esto funciona un poquito mejor.

A lo que iba. Esta mañana nos hemos levantado relativamente tarde, hemos desayunado tranquilamente, recogido todo, hecho las maletas y antes de las doce estábamos en el aeropuerto. Nuestro vuelo despegaba a la una, pero al ser un vuelo doméstico, pensábamos que con estar una horita antes sería suficiente. La verdad es que con un cuarto de hora nos habría bastado. El aeropuerto de Reykjavík es como una estación de autobuses más bien pequeña. Abren (abren, no cierran) la facturación de cada vuelo media hora antes del despegue. Y anuncian la puerta unos diez minutos antes. Todo muy familiar. Eso sí, anuncian las puertas sólo por megafonía, en las pantallas no las ponen. Hay que estar al loro. Por suerte, hay poquitas puertas y es fácil manejarse.

Después de un vuelo cortito y sin incidencias, llegamos a Akureyri. La pista del aeropuerto está construida sobre el mismo fiordo. Me refiero al mar; han echado tierra y allí han puesto la pista. Muy chulo todo. Quiero decir: muy chula la pista. El aeropuerto es cutrérrimo. Bajas del avión y, si te descuidas, estás en la calle. Pero eso es lo que debes hacer, porque sacan las maletas a la calle y allí tienes que recogerlas. Eso sí, sin que haya un puñetero cartel ni una sola persona a quien preguntar dónde está tu equipaje. Menos mal que estamos en un país civilizado.

Una vez recogidas nuestras maletas, vamos a coger un taxi, con éxito absoluto. Quiero decir que pudimos coger un taxi, porque no había más. Y necesitábamos tres. El conductor del primer taxi parecía liofilizado. Estaba el taxi vació y un señor paseaba cerca, conque dedujimos que era el taxista (podía ser uno de los jubilados daneses que habían volado con nosotros y esperaban montar en su autobús). Así que José Luis fue a preguntarle. Todo esto en inglés, claro:

José Luis: Hola, ¿es usted el conductor?
Taxista: (Unos segundos mirándole) Sí.
José Luis: Ah, bien, (señalando el taxi) ¿podemos montar?
Taxista: (Unos segundos más mirando a su alrededor, como no sabiendo qué pasaba). Sí.

En fin, os ahorro el resto. José Luis y su familia montaron en el taxi y los demás nos quedamos esperando. Por suerte teníamos un sol radiante, aunque hacía bastante viento. Al cabo de un buen rato llegó otro taxi, esta vez conducido por un chico joven que, por su propia iniciativa, se ofreció a llamarnos otro taxi más, y así lo hizo. Menos mal.

En el hotel debían de ser familiares del primer taxista, porque el personal de recepción también estaba empanadísimo. Después de un rato de duda, nos dijeron que en cinco o diez minutos tendríamos las habitaciones. Deduje que tal vez no las habían arreglado después de que se fueran los anteriores huéspedes. Pasaba el tiempo, y nada. Llegó el autobús de los jubilados daneses, los fueron distribuyendo, y nada. Tardaron más de una hora en darnos las malditas habitaciones. Recién llegados y los niños ya odiaban el hotel.

Luego las habitaciones eran muy majicas, pero Sara, con esa actitud infantil tan adorable, al ver su habitación exclamó: ¡Esto es una pocilga! En fin, paciencia.

Durante la espera Raquel tuvo una de sus conversaciones infantiles, esta vez con Daniel.

Dani: Entonces, ¿Luis y tú no estáis casados?
Raquel: No, pero somos novios.
Dani: ¿Y no os vais a casar nunca?
Raquel: No.
Dani: Pues no lo entiendo.
Raquel: Es que yo no creo en dios, así que eso de casarme no me dice nada.
Dani: Ah. Bueno, la verdad es que yo tampoco creo mucho...

Una vez pudimos dejar las cosas en las habitaciones fuimos hacia la oficina de turismo, a ver si podíamos organizar las excursiones. Queríamos hacer tres: una a ver ballenas, otra al lago Mývatn y la última al parque nacional de... Bueno, al final estoy escribiendo en el iPhone (hay Wi-Fi en el cuarto de los ordenadores), conque no puedo buscar el nombre. Luego lo pongo. La chica de la oficina nos dijo que podíamos combinar las dos últimas en una sola, así que mañana iremos a ver ballenas a Húsavik y el martes, al lago y el parque. Los demás días, ya veremos.

Eran más de las cinco y los adultos aún no habíamos comido. De modo que decidimos dar una vuelta por el pueblo y luego cenar. Buena elección: Akureyri es un pueblo grande, pero uno muy bonito. A ver si os puedo colgar unas fotos. Además, se nota que es verano y la gente aprovecha. Había mucha peña disfrutando del buen tiempo.

A las seis, cena en un italiano y al hotel, que mañana madrugamos otra vez.

Comentarios

Luis ha dicho que…
El parque nacional se llama Jökulsárgljúfur. Comprenderéis que no me supiera el nombre de memoria ;)
Rapunzell ha dicho que…
Pues no, viniendo de ti, no lo entiendo :P

Ojalá que veais muchas ballenas. A ver si les da a atodas por salir a saludar :)
Unknown ha dicho que…
Jajajajaja, jamás pensé que algún pueblo de Islandia se pareciera a Vitoria... (por las ballenas, no, claro 8-D, sino por el superaeropuerto, y la saturación de taxis...).

Ya podría Vitoria tener piscisnas termales... (en todo caso las hay térmicas, si térmicas es sinónimo de climatizadas... 8-DDD)...

A pasarlo guay por ahí, y cuidado con las ballenas, sobre todo si van vestidas de inocentes pandas... (que esas son las chungas...) 8-DDD

Un besote para todos...!!! 8-DD
Luis ha dicho que…
Pero Cristina, ¿y las postdatas? ¿Estás enferma? :P
Francisco ha dicho que…
A mi crío Daniel le tuve que explicar que aunque Islandia no se ve desde la ventana y la luna sí, la luna está muchísimo más lejos que Islandia. Y me costó. No me extraña que no tenga claro lo que pueda haber más allá. Empecemos por el angelito de la guarda que está más cerca.

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