Una noche sin niños

Hoy nos tocaba la tercera gran excursión de nuestra estancia en el sur de Islandia. Destino: Landmannalaugar. Y no, no se me ha roto el teclado, insisto. El islandés es una lengua derivada del nórdico antiguo, que era la lengua hablada por los vikingos que colonizaron las isla. Igual que el noruego, el sueco o el danés. Y una de sus características es la creación de palabras por yuxtaposición, igual que ocurre en alemán. Así que les quedan unos nombres bastante largos.

Si nuestra primera excursión siguió la carretera de la costa y la segunda se adentró un poco por el interior, esta vez nos íbamos a meter de cabeza a las tierras altas. Eso significa, en términos de conducción, "no lo intente en su casa". Así que esta vez no viajamos en un autobús normal, sino en un camión 4x4 al que han incorporado una cabina de autobús para transportar viajeros. Cuando lo hemos visto nos hemos dado cuenta de que el viaje iba a ser peliagudo.

Y teníamos más novedades. Nuestra guía de hoy, Maiki, no era islandesa, sino alemana, aunque lleva algunos años viviendo aquí. Y hoy Dani quería ir conmigo en el autobús, así que ha sido mi compañero de asiento en lugar de Raquel.

El viaje empieza por nuestra ya familiar carretera circular hacia el este. Pero, poco después de pasar Selfoss, tomamos un desvío a la izquierda, hacia el interior. Al día estaba plomizo y acaba afectando el ánimo del pobre Daniel, que se quiere ir con su mamá. En fin, acepto el rechazo y le cambio el sitio a Susana, de modo que continúo viaje en el asiento trasero, entre Francisco y Sara.

Hacemos nuestra primera palabra del día en una gasolinera. Como no vamos a una zona muy civilizada, nuestra guía nos aconseja comprar comida, si no la llevamos ya con nosotros. Así que me cojo un bocata y adelante.

La catarata dobleHasta ahora, todo muy soso; pero en seguida empieza la parte interesante. Justo cuando sale el sol que, oh milagro, ya no iba a abandonarnos en todo el día, llegamos a Hjálparfoss. Los lectores más avezados habrán notado un cierto patrón en los nombres. Skógafoss, Seljalandfoss, Gullfoss... esto de Hjálparfoss va a ser una catarata. En realidad son dos que caen en paralelo. Hjálparfoss parece puesto a propósito, al fondo de una bajada muy agradable desde la carretera. Si a esto sumamos el sol y el calorcito, casi apetecía meterse a nadar en el remanso al pie de las cataratas.

Después de pasar un rato muy agradable, volvemos al camión. Nueva reorganización de asientos y acabo sentado con Raquel; ya seguimos juntos durante el resto del día. Seguimos camino hasta un hotelito en medio de la nada donde podemos comer, aunque todavía es temprano (hora de comer en Alemania, vaya). No creáis que Maiki era una sargenta; en realidad, para ser alemana, era bastante menudita y muy simpática y dicharachera, aunque a veces su inglés resultaba un poco difícil de entender. En fin, decido comerme mi bocata en el exterior, aprovechando el buen tiempo. Después de pelear durante medio bocata, acepto mi derrota: las moscas ganan. Qué cantidad de insectos, y qué pesados. En fin, ya me comeré el otro medio más tarde.

Seguimos trayecto, esta vez con el autobús lleno de moscas que se han metido durante la parada. Por suerte, se pegan a los cristales y no vuelan por el interior. Creo que han sido lo único malo del día.

Al poco rato llega uno de los alicientes del viaje. Los últimos 26 km hasta Landmannalaugar no son por carretera, sino en una pista forestal. Pista que costaba distinguir entre las cenizas volcánicas del terreno. Sonia decide volver con sus mantras y esta vez Sara y Patricia se unen a ella. Calma budista entre los botes del camión.

A nuestra derecha se ve el Hekla, uno de los volcanes islandeses más activos. Intento hacerle una foto, pero con tanto brinco es totalmente imposible. Raquel se muere de risa viendo la pantallita de mi cámara y dice que parece el Canal+ codificado. Mientras, los niños lo pasan en grande dando saltos; parece un parque de atracciones. Esta vez hemos acertado con lo que les gusta.

Daniel y Raquel en LandmannalaugarFinalmente, después de incluso vadear algún río, llegamos a nuestro destino. En nuestra guía pone que en Landmannalaugar hace frío siempre, porque la temperatura no suele subir de diez grados y hace mucho viento. Hoy debía de ser la excepción; echamos de menos la manga corta. Tenemos dos horas para disfrutar del increíble paisaje con sus rocas volcánicas, pequeñas praderas, montañas multicolores... Landmannalaugar es un lugar muy variado.

Maiki nos lleva por un senderito que sube desde la llanura. A los que queremos; José Luis y María José se quedan con sus niñas para bañarse en una poza termal natural que hay allí. La mayoría de nuestro grupo sube por el sendero, pero son bastante remolones. El que mejor sigue el ritmo de Maiki es Daniel, que resulta ser un consumado trekker con sus seis años. La caminata es cortita; después de un cuarto de hora llegamos a la parte más alta del sendero y allí nos quedamos viendo el paisaje, sacando fotos y comiendo. Y brincando por las rocas.

Después de media horita bajamos y vamos a cambiarnos de ropa para bañarnos con los demás. Bueno, a mí me da pereza y no lo hago, me quedo en la orilla con José Luis y María José, que también se han quedado vestidos. Pero los demás, al agua. Raquel se dedica a defender a Sonia de las malvadas algas que la atacan mientras nosotros ayudamos a Maiki a practicar el español, que tiene bastante oxidado. Maiki demuestra tener mucha facilidad para los idiomas, yo creo que en un par de semanas hablaría de corrido.

Cualquier día volverá a entrar en erupciónA las tres volvemos al camión para regresar a Reykjavík. Más botes que en esta ocasión no son tan bien recibidos, porque los niños están cansados y prefieren dormir. Aunque ahora volvemos por otro camino y paramos para poder fotografiar el Hekla. O "la" Hekla, como dirían en Islandia. En islandés, los volcanes apagados son masculinos y los activos, femeninos. Sacad vuestras propias consecuencias sobre su percepción de los caracteres de cada sexo.

Y ya sólo hacemos una paradita en un área de servicio antes de volver a la circular y a Reykjavík. Por el camino vamos discutiendo los planes para cenar. José Luis lleva desde el primer día dando la brasa con ir a algún sitio vikingo, y Francisco se le une. Ante mis protestas de que eso es lo mismo que el tablao flamenco y la capea para los guiris en España, dicen que quieren ir a un "tablao vikingo". En fin, ya que no puedes con tu enemigo, únete a él: leo en la guía que en Reykjavík hay un restaurante especializado en langosta, y hace mucho (desde nuestro viaje a Nueva York, por lo menos) que Raquel quiere comer langosta. Conque les propongo irse ellos a que les pongan un casco vikingo a donde quieran mientras Raquel y yo nos vamos al Humarhúsid a comer langosta. Pero, ah, a esto pueden jugar dos; José Luis dice que le gusta el plan y que se vienen todos.

Conque llegamos al hotel, soltamos los trastos y nos vamos al centro, al Humarhúsid. Que tiene la misma pinta de restaurante familiar que la Almeja Picante. En efecto, José Luis pide una mesa para diez y la maitre le dice que no tienen de eso. Conque el chico nos mira con cara de resignación y pide una mesa para dos. Raquel y yo nos quedamos mientras los demás buscan otro sitio.

Cenamos de maravilla y el sitio, que es precioso, resulta menos caro de lo que esperaba. Claro que no sólo la comida era muy buena; como me dijo Raquel a los postres, ¿te das cuenta de que esto es una salida sin niños? Pues sí, también nosotros necesitábamos pasar un ratito solos. Además, fue una especie de celebración diferida de mi cumpleaños, ya que en el día correcto no estaba yo en muy buena forma.

Después de cenar volvimos a juntarnos con los demás, que iban al Ice Bar (los niños amenazaban con una revolución si no los llevaban). Y no creo que quieran volver más. El Ice Bar de Reykjavík es cutrillo, pasamos bastante frío y la bebida era una especie de tinto de verano.

Luego Patricia aprovechó para hacerse una heridita en la rodilla, que Sara quería convertir en gangrena por lo menos. Y nos volvimos andando hacia el hotel; aunque ya no había sol, seguía haciendo buen día. A ver si mañana tenemos la misma suerte.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
joer, qué bonito todo!
Hoy los niños no miccionaban?
Luis ha dicho que…
Sin parar. Creemos que Patricia tiene alguna enfermedad, porque lo suyo no es normal.
Fantine ha dicho que…
Que pasada la cascada! A mi es que todo lo que lleve agua me gusta mas que a un tonto un lápiz. Tomo nota de otro sitio que no puedo morirme sin conocer :)
Rapunzell ha dicho que…
Oye, que es verdad eso. Todos los niños hacen pis, pero los que lleváis vosotros son una cosa sobrehumana...

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